martes, 12 de octubre de 2010

El Objetivo de la Gestión de Riesgo Operacional

Hace unos cuantos años, me encontraba en alguna parte de la universidad, sentado frente a un libro de cálculo, conociendo el método para resolver derivadas de dos funciones. El método que estudiaba era la regla de la cadena, que de acuerdo al objetivo definido por el libro, era un método desarrollado para resolver ecuaciones donde ocurriese lo siguiente:

Si f y g son funciones y si y = g(f(x)), entonces la regla de la cadena establece que: dy/dx = (dg/df)(df/dx)

En alguna parte del libro leí que si comprendía la regla, lo que obtenía con ello era que podría expresar definiciones complejas de las funciones por medio de formulas y así lograría resolver este tipo de problemas matemáticos. Debo confesar que cuando leí esto, y aplique la formula pensé que no habría derivada, que se enfrentará a mi nuevo método de resolución de problemas. Por supuesto, me tocó ir a mi evaluación. Voy a eximirme de narrar los momentos frente al examen.

Los resultados fueron catastróficos, la verdad no reflejaba el más mínimo esfuerzo que le dediqué a conocer, aprender y ejercitar, hasta el cansancio la dichosa regla; y no menos la terrible frustración al sentir que no había aprendido absolutamente nada. Evoco estos recuerdos, porque similares situaciones ocurren con una práctica que siempre tiene dificultades para su puesta en producción en las organizaciones. Sucede, que gran cantidad de gerentes de riesgo operacional, han aprendido métodos para aplicarlos en sus organizaciones, sensibilizando intensamente al personal y procurando crear la cultura de gestión de riesgo operacional, y sin embargo, el resultado es similar al que obtuve cuando quise aprender la regla de la cadena.

¿Qué es lo que produce esta situación? ¿Por qué si se conoce la herramienta y donde lo vamos a aplicar, no logramos obtener los resultados esperados?; y lo que es peor, se crea frustración con el tema, creando mayor resistencia al cambio en la organización. Vale decir, que muchas organizaciones han invertido gran cantidad de recursos (tiempo, dinero y talento) para llevar a cabo la administración de riesgo operacional.

Tiempo despues, la respuesta que le encontré a mi problema, en el estudio de las derivadas; al igual que a la aplicación práctica de la gestión de riesgo operacional; ha sido que no se tiene claro el objetivo de lo que queremos hacer. Puede parecer insensato, expresar semejante idea al respecto de una práctica que es bien conocida actualmente y es aplicada universalmente; pero no tengo más remedio que reconocer esto, pues los hechos así lo han demostrado.

Es evidente que tanto la formula de la regla de la cadena como los métodos con sus variantes para la gestión de riesgo operacional tienen un objetivo claro; y que comprendido, se sabe para que serán utilizados; pero esto es sólo el objetivo de la herramienta. Lo que no tenemos claro, es el contexto de su aplicación. Al igual que me sucedió cuando en el examen me colocaron un problema que no era igual a los que había ejercitado durante mi estudio, todo el método (mi método) se derrumbó. No porque no fuese aplicable, sino porque en realidad no tenía ni idea que buscaba la ecuación, por ejemplo, por lo general ese tipo de problemas buscan el nivel de consumo de combustible, la cantidad de dinero a invertir, la cantidad de materia prima a procesar o simplemente el valor de x. Igual ocurre en una organización cuando el gerente de riesgo operacional quiere mitigar los riesgos que deriven del uso o aplicación de sus componentes, realmente puede que se esté frenta a la misma situación: No saber que se busca. El asunto acá no es identificar los riesgo que se deriven de las personas, tecnología, procesos o eventos del entorno. En realidad, lo que se debe identificar es aquellos factores que pudieran limitar alcanzar el logro del objetivo del proceso, y en consecuencia abordarlos, entre los cuales pueden encontrarse combinaciones de los componentes de riesgo operacional (personas, procesos, tecnología entorno).

En todo caso, es importante destacar que el objetivo para la gestión del riesgo operacional, ha sido establecido en la mayoría de la biblografia como el proceso para mitigar los riesgos que se deriven de los componentes que lo integran, sin embargo este objetivo ha sido definido para la herramienta y no para la práctica en la organización. El objetivo de la práctica, debería ser el evaluar el riesgo que existe en lograr los objetivos en los procesos críticos de la organización; y por el contrario, no evaluar cada componente de riesgo operacional en los procesos. Esto no es viable, pues debe recordarse que el proceso de gestión de riesgos es cíclico, por tanto una vez evaluado, valorado, medido y controlado/mitigado; debe seguir siendo monitorizado y hacer esto en todos los procesos constantemente desvirtuaría el objeto de la organización. Lo adecuado es monitorizar los indicadores que señalen limitaciones o afectación de los objetivos de la organización, y en consecuencia actuar sobre la identificación de causas y factores, entre los cuales se encontrarán los componentes de riesgo operacional.

Debo reconocer, que la responsabilidad absoluta de haber interpretado la regla de la cadena como el objetivo para alcanzar respuestas a funciones prácticas de la vida cotidiana, fue mía. Pude haber interpretado que ese era el objetivo de la regla, y no del problema matemático cuando lo enfrentaba con mi método. De allí que una vez corregida la interpretación y adecuado el uso de la regla al contexto, no hubo derivada que soportará mi método. La historia de este examen si podría narrárselas, pero no viene al caso.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Autoengaño nos hace tener una mejor perspectiva del Riesgo Operacional

Desarrollar consultoría relacionada a riesgo operacional, ha sido una de las actividades más difíciles que he tenido que enfrentar. La razón fundamental, es que nueve de cada diez personas que trabajan en cualquier tipo de organización, no están convencidos que este tipo de riesgo inadecuadamente (ligeramente) administrado trae como consecuencia pérdidas severas o la quiebra de las empresas. Este escenario, ha propiciado que la actividad de sensibilización haya sido una de las más promovidas y a su vez la más solicitada a nuestro grupo de trabajo en las organizaciones.

En virtud de lo anterior, desde que decidimos desarrollar esta práctica, hemos investigado métodos, analizado documentos, estudiado experiencias propias y de terceros en procesos de sensibilización, en donde se han abarcado todo tipo de temas, incluyendo hasta los de carácter religioso [1], con el firme objetivo de comprender los complejos procesos de sensibilización. El propósito ha sido encontrar las "piezas" que nos permitan habilitar un cambio cultural, mínimo pero efectivo; que combatir la poderosa barrera que inhibe a los gerentes, lograr la adecuada administración del riesgo operacional.

Con base a los resultados de hoy, podemos argumentar que estuvimos cerca de responder apropiadamente a esta situación, cuando en un artículo que titulamos: ¿Se pueden gestionar los riesgos con fe?, dimos en el clavo, que la medida de nuestra ignorancia, era la que nos limitaba a considerar con la importancia que se merecía la exposición al riesgo operacional, dado que parte de lo expuesto el mencionado artículo, establecía los siguiente:

“La gestión de riesgo maximiza las áreas donde se tiene control sobre los resultados y se minimizan donde no tenemos control alguno; quedando para nosotros oculto el enlace entre la causa y el efecto.” [2]

Sin embargo, con lo anteriormente expuesto, no alcanzamos a superar la barrera que permitiera hacer de la consultoría de riesgo operacional algo apreciado por quienes la pudieran estar necesitando. Para ese momento, no encontrábamos aun el origen de la medida de la ignorancia, que es la que provoca que no tengamos control alguno sobre lo que deseamos gerenciar.

La Respuesta Llegó
Leyendo un artículo de un consultor con gran experiencia en materia empresarial, encontré la explicación del por qué no logramos que las prácticas de riesgo operacional, incluyendo la nuestra; se acople sin mayores traumas en las organizaciones. En dicho artículo se encuentra un concepto que define una conducta de la cual nunca se me podría haber ocurrido que es la causante de los esfuerzos sobredimensionados en la gestión de riesgo operacional, el cual paso a citar a continuación:

"El autoengaño es una de las facetas más inherentes a la condición humana. Una faceta en principio estúpida, pero que nos concede una estabilidad excepcional para convertirnos en animales sociales. El hombre ha logrado convertir el autoengaño en una fuente de estabilidad." [3]

Continua el autor en el mismo artículo:

"Ésta es una de las grandes paradojas de la condición humana, otro de los aspectos que nos hacen tremendamente eficientes frente a otras especies animales. Porque, a pesar de todo lo anteriormente dicho, conviene que nos sigamos engañando a nosotros mismos por el bien de la humanidad y sucesivas generaciones. De hecho, el hombre acude al autoengaño consciente, pero el animal vive en la ignorancia inconsciente, lo cual, a pesar de menos reprobable y más sincero, es mucho más peligroso."

El autoengaño
Con el artículo comprendí el concepto denominado la ignorancia inconsciente, la cual define como aquella que conlleva a no darse cuenta de que se está ignorando una realidad. Por tanto la ignorancia inconsciente es tremendamente peligrosa porque, a pesar de proveer tranquilidad, implica que somos ajenos a la realidad. Ahora bien, el autor define un concepto (autoengaño) que nos ayuda a comprender porque fallamos tantas veces en lograr una sensibilización adecuada al riesgo operacional; y es que el autoengaño consiste en engañarse de forma voluntaria para que las cosas sigan funcionando, pero si lo peor sucede, se buscará la forma de arreglarlo. Esto es genial, es como si fuese el "Feng shui" [4] del riesgo operacional. Nunca se nos hubiese ocurrido que era basado en una condición humana por minimizar, evitar, multiplicar por cero los riesgos operacionales (La verdad es que tampoco somos especialistas en conducta).

Debo confesar que con relación a la idea anterior, siempre creí, que era porque la gente ignoraba al riesgo operacional, por ser una materia aburrida o tal vez tediosa; sin embargo, tomando como base esta teoría se me ocurre que, es que, en realidad saben de lo tremendamente peligroso que es el riesgo operacional, pero aun así, a pesar de saber que los puede desestabilizar, se asume una acción de autoengaño, que conlleva a ver las cosas con una mejor perspectiva y que en caso de ocurrir algún evento que desbarate la condición de tranquilidad o normalidad, siempre habrá una opción para recuperarse de dicha situación.

Ahora sabemos el origen
Con la identificación de este factor tan importante, podremos dedicarnos a desarrollar una mejor manera de aproximación a la formación de cultura para la gestión de riesgo operacional en las organizaciones, de forma que el esfuerzo no se vaya en talleres y sesiones, en el que el objetivo, no esté claro y las personas acudan obligadas porque la organización decidió que había que darles inducciones para que sepan que el riesgo operacional no es tan malo como dicen o creer que enviando al personal a cursos se resolverá el problema.

Ahora tenemos información más acertada sobre la causa que ha ocasionado que la sensibilización no haya podido calar en la gente. Además sabemos que a consecuencia de ello apuntábamos inadecuadamente a los objetivos de la sensibilización y por ende a desarrollar mejores prácticas de gestión de riesgos. No creemos, que se haya hecho del todo mal, sin embargo si ha costado tanto y los objetivos logrados, no son los esperados en el corto plazo algo no se está haciendo bien.

Ahora entendemos el por qué a pesar de que el método que hemos desarrollado y afinado por años, para administrar los riesgos operacionales está en su estado de arte, no funcionaba en los estándares deseados, pues el asunto es que para la mayoría de quienes lo necesitan, no piensan que sea así, pues viven una realidad en el que el riesgo operacional, no es tan malo. Lo importante de esta nueva información, es que nos permitirá desarrollar nuevas estrategias que contribuyan a alcanzar los objetivos, que al fin y al cabo son fortalecer la práctica de riesgo operancional a través de una adecuada y efectiva aplicación práctica. "De momento sabemos que causa el mal, ahora nos toca desarrollar la cura." Por supuesto, revelaremos los hechos a través de este medio.

No quiero dejar de invitarles a que lean el artículo que permitió entender un poco más el riesgo operacional, y del que a su vez tome préstado el nombre, elaborado por Francisco Alcaide. Autoengañate y vivirás mejor


[1] No en es por casualidad que los Jesuitas, conocidos como La Compañía de Jesús fue la primera empresa que formó a sus propios líderes y, durante ese proceso, se construyó una de las compañías más exitosas del mundo". De esta experiencia, sin duda, debe existir mucha información que conlleve a obtener ejemplos de sensibilización; aunque sin querer ser irónico, el tema es que supone que no tomó algunos meses, sino más bien muchos años de trabajo (muchos). Chris Lowney. El Liderazgo al Estilo de Los Jesuitas. Editorial Norma 2005.
[2] Bernstein, Peter. Against the Gods The remarkable store of risk. Wiley & Son. 1996 USA
[3] Francisco Alcaide http://franciscoalcaide.blogspot.com
[4] Feng Shui es considerada una pseudociencia de origen chino que utiliza las leyes del cielo y la tierra para mejorar la vida recibiendo Chi positivo

La nueva normalidad era un juego de niños

Foto: StellaDi Pixabay Creo que "la nueva normalidad" era cosa de 90 días. Eso ya no existe. Pienso que lo cierto es una nueva rea...